martes, 19 de abril de 2016

De oficio, lector. El mito de Apostrophes

Hoy en día los formatos televisivos se copian sin ningún pudor y contribuyen a esa homogenización que nos hace sentir a todos personajes del mismo espectáculo sin guion ni sentido. Apostrophes fue una rara avis por su prestigio más allá de Francia y los territorios francófonos pero, sobre todo, porque el protagonista no era la cocina, el crimen o la música sino el libro, que lucha casi desde los tiempos de Gutenberg contra su extinción.

Trama editorial ofrece a sus lectores un catálogo arriesgado y elegido con gran mimo. En él se encuentran los mejores títulos sobre el mundo de los libros, desde editoriales hasta librerías, contado por figuras de primera fila como Diana Athill -no se pierdan Stet (vale lo tachado). Recuerdo de una editora- y Marco Cassini (Erratas. Diario de un editor incorregible). Este 2016 Trama ha apostado por unas singulares memorias de Bernard Pivot construidas sobre un infinito e inteligente cuestionario elaborado por Pierre Nora. Muchos de los lectores españoles solo conocen Apostrophes por su leyenda y, tal vez ahora, gracias a este libro puedan entender la dimensión de ese fenómeno cultural y televisivo. Solo en los años noventa se publicaron en España una selección de las grabaciones de los 724 programas que Pivot condujo entre 1975 y 1990.

«No se puede formular una pregunta porque su naturaleza es volátil y voluble, y su función es descolocar y cuestionar.»


Pierre Nora, reputado historiador y miembro de la Académie Française de esa alta cultura parisina que vio en Pivot a un sans-culotte, se convierte en el interlocutor perfecto de esta larga entrevista desarrollada a lo largo de los años y es por ello el verdadero guardián de la memoria de Apostrophes. Pivot entendía al periodista como un intérprete de la curiosidad pública y por ello logró colarse en lugares tan mágicos como el refugio de Alexandr Solzhenitsyn en Vermont. Además, se descubre el verdadero motor detrás de Apostrophes, la rutina lectora de Pivot que le había apartado de actividades como el cine o el teatro durante quince años. Los libros colonizaron su casa –como él narra en uno de los mejores pasajes de De oficio, lector– gracias a una reproducción misteriosa y espontánea, a una conquista silenciosa.

Hay en él un recuerdo para sus competidores, siendo los más dignos Boîte aux lettres de Jérôme Garcin en FR3 y Libre et change de Michel Polac en M6, y para aquellos otros que basaron su estrategia en el mero plagio. Pivot tuvo que adecuarse a fenómenos que se sucedían con el paso de los años como el zapping, casi un sacrilegio para aquellos intelectuales que lloraban por la muerte de la profundidad. Pivot hace también un alegato a favor de los insomnes a los que cree proclives a la literatura y al pensamiento.

Bukowski pasándolo en grande en Apostrophes

Defiende también su elección por la novela, género del que, como a muchos sucede, se separó en los últimos años. La poesía se ajustaba menos a la sobreexposición mediática. La lista de invitados de Apostrophes es infinita y arrolladora y sus programas con varios personajes en plató crearon reuniones únicas que de otro modo hubieran sido imposibles. La seducción de Mitterrand, los autores extranjeros que se esforzaban por hablar en francés, la borrachera de Bukowski y los exabruptos de otros muchos son el retrato de una familia global a la que tan solo une el amor por la literatura.

Cuenta con cierta nostalgia y de manera descreída la leyenda que decía que un libro que hubiera sido aplaudido por Pivot un viernes por la noche tenía buenas ventas a la mañana siguiente. Ya le gustaría a la denostada Babelia tener hoy en día esa influencia.

Pivot, Marguerite Yourcenar y Jean d'Ormesson

A pesar de que en el extranjero se envidiaba a los franceses por poder disfrutar cada semana de Apostrophes, ningún país pudo –o quiso- reproducir el programa. Tal vez ese éxito se debiera a un tradicional mayor respeto en Francia por la cultura o, probablemente, al talento de Pivot para ser al mismo tiempo un interlocutor válido para intelectuales y espectadores “ignorantes”. Veintiséis años después de esa última emisión es doloroso y realista pensar que este formato ya no tendría hueco en la televisión. Pero al menos los mitómanos y los que deseen conocer de cerca ese fenómeno del país vecino pueden sumergirse entre los entresijos de Apostrophes y sentirse partícipes de esos 724 programas.



Título: De oficio, lector. Respuestas a Pierre Nora
Autor: Bernard Pivot & Pierre Nora
Traductora: Amaya García Gallego
Editorial: Trama editorial 
Páginas: 206 
Precio: 22 euros (rústica) 







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