lunes, 1 de junio de 2015

¿Qué es el catálogo editorial?

¿Qué es más valioso? ¿Una colección de palillos usados por actores famosos o ropas, coches y objetos revueltos de esos mismos actores? Pues posiblemente la primera, porque mantiene una coherencia. Hay una idea previa: reunir mondadientes que hayan usado actores. La segunda es un quiero y no puedo, buscar objetos a la desesperada sin orden ni concierto solo porque se quiere reunir una colección a toda costa. Y, cuidado, quizá en términos económicos, la segunda sea más valiosa que la primera por aquello del valor de cambio, pero a la primera hay que reconocerle la idea del coleccionista y valorar muy positivamente su selección. 

Lo sabemos, el ejemplo no es perfecto, pero es una forma de comenzar a hablar de lo que significan esas palabras que se le escucharán a la mayoría de los editores en cualquier conversación en la que se hable de edición: el  catálogo editorial. 

Así, lo primero que debe hacer un editor es (aparte de pensarse una y mil veces si va a meterse en esa locura) qué quiere publicar. Ahí es donde entra la definición del catálogo editorial, es decir, qué quiere contar con los libros que va a publicar. Quizá quiera dedicarse a la narrativa de los países nórdicos, como Diego Moreno, de Nórdica, quizá quiera dedicarse al ensayo de corte político, como Daniel Moreno, editor de Capitán Swing, quizá quiera publicar libros de relatos, como Juan Casamayor, editor de Páginas de espuma, o quizá le guste la literatura francesa y se diga: voy a montar Cabaret Voltaire, como Miguel Lázaro.

Aun así, el catálogo editorial es, hasta cierto punto, una falacia. Si una editorial olvidase por un momento que es una empresa y que, como tal, está diseñada para ganar dinero, se dedicaría únicamente a publicar obras maestras relacionadas con su catálogo editorial. Eso quizá se lo pueda permitir únicamente Atalanta, pero ya sabemos de dónde procede su noble creador. Al resto le toca, o bien publicar un poco de morralla o de «algo menos bueno de lo habitual» para poder sobrevivir.

Y es que las condiciones actuales mandan. Si una editorial independiente no publica más o menos un libro al mes, sus libros serán casi invisibles en las mesas de novedades de las librerías, donde la vida media del libro no supera el mes y medio, y eso siendo muy generosos.

Un editor (o editora, de las que, por cierto, se echan de menos en este mundillo) es un ser curioso por naturaleza, que husmea entre las estanterías polvorientas en busca de un tesoro que redescubrir, que debería buscar en la red (aunque lo hacen poco) futuras nuevas promesas de la literatura, que lee sin cesar manuales antiguos de literatura por si encuentra alguno de esos nombres que aparecen mucho en los manuales y que, sin embargo, nadie se ha lanzado a publicar. Otros buscan con el afán de ligar libros a un cierto contexto social, y los encargan o buscan publicaciones antiguas, y otros se dejan llevar por vínculos más o menos ocultos y, por lo general, muy personales, entre los libros que han publicado con anterioridad. Esa última suele ser, de hecho, una de las razones que más aducen los editores cuando justifican su catálogo. La otra suele ser la de crear autores de la casa, algo que, siendo sinceros, tampoco es muy diferente a decir: como este autor funciona, lo quiero en mi editorial. 

Somos injustos, y sabemos que a veces esta elección va más allá de esa simpleza, pero hay que ser algo cínicos con unas elecciones que a veces se toman demasiado en serio y que, en la mayoría de las ocasiones, están movidas por criterios económicos. Eso no quiere decir que los editores, en ese afán por ser prescriptores culturales o agitadores de masas (de que acepten una definición u otra depende, sobre todo, su militancia política) se den de vez en cuando el gustazo y publiquen algo que saben invendible. Por desgracias, muchas veces las editoriales hacen esto al principio y se olvidan de seguir haciéndolo cuando ya son editoriales asentadas, que es precisamente cuando más pueden permitírselo porque las ganancias que les proporcionan algunos libros que funcionan bien pueden compensarse con las pérdidas que les ocasionarán esos otros caprichos que, por cierto, son a la postre los que conforman de veras el catálogo con el que sueña el editor.

Si tuviésemos en cuenta la premisa de una línea editorial concreta y un estándar de calidad elevado, los catálogos editoriales se verían reducidos, por lo general, a doce o catorce libros, de ahí que las editoriales abran varias líneas dentro del catálogo. Muchas veces esas líneas no tienen nada que ver entre sí (ahí están los ilustrados de Nórdica o los ensayos de Páginas de Espuma), mientras que en otras ocasiones esas otras líneas sí que siguen manteniendo una cierta coherencia con aquello que se publica en la línea fuerte de la editorial (Periférica es un caso evidente en este sentido). 

Hay editoriales más despegadas del catálogo, o que lo han pervertido de tal modo que ya no tiene nada que ver con su idea inicial. Casos evidentes son los de las editoriales hoy clásicas, y con un catálogo envidiable, como Anagrama, Tusquets o Seix Barral que, debido a su tamaño, han tenido que publicar un poco de todo para seguir manteniendo un cierto estatus, y precisamente por este motivo quizá lo han perdido, al menos como editoriales de referencia en lo que a novedades se refiere. Otras se vuelven generalistas y (o nacieron con ese espíritu) y publican cualquier cosa que se ponga a su alcance. Normalmente estas editoriales tienen un claro objetivo económico y no se preocupan en exceso por la calidad. Para ser claros, venden morralla que funciona.

Es un buen ejercicio sentarse delante del catálogo de varias editoriales y tratar de descifrar qué ha movido a su editor a conformar esa lista de libros, qué nos ha querido contar con esa selección de autores y de obras, qué vínculos podemos hallar entre ellos que hacen que cuando nos enfrentamos a él, nos parece coherente y que adquiere una cierta forma de cofre del tesoro. Preguntaos a partir de ahora, no solo qué quiere contarnos el autor en su obra, sino qué nos ha querido contar el editor con ese libro, por qué ha decidido publicarlo en ese momento y rodeado de otros autores. Practicar ese pasatiempo enriquecerá vuestras lecturas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario