jueves, 29 de septiembre de 2016

El Rey del Agua, de Claudia Aboaf: la búsqueda de la identidad en un desierto de agua

Hay quien no sabe –y los critica, sin ser consciente de este hecho– que los científicos que trabajan en el desarrollo de fármacos (y cualquier otro, en general) están obligados a realizar una declaración de intereses cuando publican artículos de sus trabajos. De ese modo se evitan suspicacias y, si el científico obvia dar ese dato y después se descubre que trabajaba para la empresa X, la credibilidad de su trabajo se verá mermada. Sirva esta introducción para dejar claro que esta reseña difícilmente puede ser objetiva –aunque ninguna lo es– porque la autora de la que hablamos hoy, Claudia Aboaf, es colaboradora de Libros Instrucciones de Uso. Queda por tanto declarado nuestro conflicto de intereses.



Claudia Aboaf ha escrito El Rey del Agua, novela a la que regresan Andrea y Juana, las protagonistas de Pichonas, su obra anterior. Son hermanas pero extrañas, se criaron cada una con uno de sus progenitores –Andrea con su padre, durante el día, Juana con su madre, por la noche– y eso las distanció hasta convertirlas en extrañas, irreconciliables maneras de ser sin lazos comunes a los que aferrarse. Andrea es temerosa, dubitativa, aunque no exenta de momentos de una impulsividad que la lleva a vencer esos temores que la atenazan. Juana, por el contrario, es más impulsiva, alocada, vive una vida con un aire onírico del que no desea salir porque no es capaz de encontrar un asiento cómodo en la vida real y, aunque desease volver, ya no le será posible, pues su identidad le ha sido sustraída.

La acción de la novela, pausada, más reflexiva que de peripecias, se desarrolla en el Delta del Tigre, que, siendo un lugar, es también un personaje más de la novela y condiciona la vida de los que viven en él. El Delta del Tigre o del Paraná es un emplazamiento real situado a poco más de treinta kilómetros de Buenos Aires, constituido por islas y agua. Se pretendió a finales del siglo XIX que atrajese al turismo pero pronto se desechó la idea y se convirtió en un lugar olvidado, muy cerca de los «habitantes terrestres» pero, al mismo tiempo, ajeno a ellos, como las hermanas, Andrea y Juana.

La novela nos sitúa en el futuro, un tiempo sin embargo no demasiado diferente del nuestro, ¿quizá una década o dos más allá? La escasez de agua en el Delta es preocupante. Su precio alcanza cifras altísimas y su consumo está racionado, es el nuevo petróleo. El control del agua lo ejerce Tempe, el Rey del Agua, quien vio pronto el negocio que el futuro le ofrecía, uno de esos triunfadores de dudosa moral que ahora tanto tratan de vendernos en los noticiarios, esos emprendedores sin escrúpulos hechos a sí mismos. Pero todos, tarde o temprano, tratan de borrar esa aura despreciable que les circunda y se embarcan en proyectos filantrópicos o meramente compensatorios, siempre insuficientes. En el río, al tratar de filtrar el agua para hacerla apta para el consumo, se encuentran trazas genéticas de personas desaparecidas cuando se comenzó a establecer la infraestructura ideada por Tempe. Esas trazas correspondían con el ADN de Blanco, el padre de Juana y Andrea. El Rey del Agua tratará de mostrarse magnánimo y les ofrece una indemnización sustanciosa de la que un abogado, antiguo conocido de Blanco, tratará de aprovecharse.

No desvelaremos más aspectos de una trama que se mueve entre la realidad de una tierra olvidada y mundos virtuales que se adentran en lo onírico. Es imposible no relacionar esas trazas de cadáveres en el agua con la historia no tan lejana aún de Argentina, la de los asesinados (eufemísticamente llamados desaparecidos) y las indemnizaciones que vinieron con los gobiernos posteriores.

Claudia Aboaf emplea un lenguaje que se adentra en lo lírico, especialmente cuando se centra en la descripción del Delta y sus paisajes. Escrito con frases cortas y precisas, se vislumbran arrebatos del mejor Borges, como la frase que sirve para señalar que el día y la noche ya no tenían sentido, se confundían:

La noche no abrazaba el sueño ni el delito 

Una de las claves temáticas de la novela, sino la principal es la búsqueda de la identidad. Andrea la busca sin resuello, probablemente sin llegar nunca a alcanzarla más que con las yemas de los dedos, atenazada siempre por su carácter timorato, que solo de cuando en cuando vence. Juana, por el contrario, la ha perdido sin remedio, o más bien se la han robado en el universo virtual, y su búsqueda ni siquiera tiene sentido, pues es otra pero en un mundo en el que no es capaz de reconocer. Y es que posiblemente la vida no sea otra cosa que esa búsqueda de la identidad que ambas emprenden, que nunca cesa, y que constituye uno de los temas clave de la literatura, acaso el esencial, el que subyace al resto.


Título: El Rey del Agua
Autora: Claudia Aboaf
Editorial: Alfaguara
Páginas: 99
Precio:  6,64 (ebook)



  

martes, 27 de septiembre de 2016

Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado, de Maya Angelou: la biografía de todo un país

No se acerquen a la obra de Maya Angelou buscando una narrativa sureña semejante a la de Faulkner o Flannery O’Connor. Sin embargo, encontrarán en ella un alma desnuda y una sinceridad sin reservas. Descubrirán también el otro lado de la historia, el lento y engañoso camino a la libertad de los esclavos, quienes hoy no se sorprenderían al ver cómo sus descendientes siguen convirtiéndose en nuevas víctimas, en el objetivo preferido del hombre blanco.

Antes de que muchas películas y libros intentaran recrear el dolor y soledad de los afroamericanos, Maya Angelou, condenada desde la cuna al servicio y la misa dominical o a buscar en grandes ciudades hambre, muerte y droga, desveló sin artificios literarios su propio pasado. Angelou se deshace del rencor, no acusa a los temidos “amos” ni a los hombres que marcaron su destino como su propio padrastro, sino que, sin dejar de señalar la violencia y el racismo, también descubre el amor, hacia su hermano, el implacable Sur o los libros.

Maya habla de esas mujeres negras que no agachaban la cabeza y extendían la mano al recibir el jornal por recoger algodón o por limpiar las heces y vómitos del hombre blanco. Su historia es la de todos esos niños educados sin la constante presencia de sus padres que habían huido buscando, como tantos otros, el engañoso Dorado. La casa donde vivían Bailey y ella con su abuela y su tío inválido se convirtió a lo largo de los años en el recuerdo de su único refugio. Pero fuera de las paredes de esa pequeña tienda el racismo recorría cada una de las polvorientas calles de Arkansas. Más tarde, en San Francisco, tal vez el mayor crisol de Estados Unidos -allí Angelou consiguió convertirse en el primer negro conductor de tranvías-, encontró una ciudad vibrante pero también la peor de sus pesadillas.


Este libro, con el que comenzó sus memorias, es uno de los más importantes para la población afroamericana en Estados Unidos. Los lectores pueden entender la influencia que los orígenes de Angelou tuvieran en las décadas posteriores de su vida. No solo creció hasta convertirse en una autora reverenciada sino en la voz de una comunidad a la que recordó que hasta que no respetara a la mujer negra no podría luchar con dignidad por sus derechos. Al igual que en su infancia los libros se convirtieron en su tabla de salvación, en su vida adulta su literatura fue el perfecto vehículo para cambiar las cosas.


«La mujer negra se ve […] atrapada en el triple fuego cruzado del prejuicio masculino, el ilógico odio blanco y la falta de poder de los negros»


Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado es un testimonio sobrecogedor, no solo por su dureza sino por cómo cuenta un triste relato como si lo hiciera de viva voz a un grupo de niños en la trastienda de su abuela. Esta brutal narradora da una lección magistral sobre cómo deshacerse de todas las cargas personales que puedan lastrar el desarrollo de una historia.



Título: Yo sé por qué canta el pájaro enjaulado 
Autora: Maya Angelou
Traducción: Carlos Manzano
Editorial: Libros del Asteroide 
Páginas: 352
Precio: 21,95 euros (rústica)